Comunicación empática para juristas

Comunicación empática para juristas


¿Sabía usted que…?

La empatía es la capacidad de identificar las emociones de otras personas a partir de la voz, la expresión facial, los gestos y el comportamiento. Según un estudio del psicólogo social y profesor Albert Mehrabian de la Universidad de Los Angeles (UCLA), por medio del lenguaje corporal transmitimos un 93% de lo que comunicamos. El 55% de nuestra atención se dirige hacia la postura, la gesticulación y la expresión facial de nuestro interlocutor y otro 38% hacia el volumen o la melodía de la voz. En cambio, sólo el 7% capta el contenido del mensaje. Es decir, no es lo que dices, sino cómo lo dices.

¿Cómo podemos mejorar nuestra comunicación en una audiencia judicial?

Decía Carnelutti: “en el mundo del derecho la palabra es indispensable”. Pues bien, si en toda ciencia se ocupa una terminología (sin caer en verborrea), esta debe estar en función de la claridad. Como el derecho es controversia, en diálogo, los que hablen deben darse a entender, ateniéndose a la realidad correspondiente al campo que se trate y a las normas del sistema que lo rige y no a la fantasía. Para obtener claridad debe usarse un lenguaje exacto y preciso. Usar la palabra cuyo significado corresponda a la idea que queremos expresar. Debemos referirnos a los institutos con un nombre preciso, no usar sinónimos, para que haya intersubjetividad.

Acuérdese que las audiencias orales son públicas, en la mayoría de los casos: la ley debe ser sencilla para que a entiendan los ciudadanos. Sea selectivo con citas de doctrina: debe ser así pues sino se manifiesta en divagaciones de escasa o nula aplicación práctica. No está en una clase universitaria, está en una audiencia judicial. El buen litigante debe usar el lenguaje jurídico exacto y preciso con sencillez para que su elocuencia pueda convencer al Juez de revocar su decisión.

En la abogacía se ha pasado de un estilo barroco a uno conversacional. Para ello, procure que al interponer su recurso, su intervención tenga estas cualidades mínimas:  Interesantes (para que llame la atención),  Claras (fácil de comprender) y si se puede,  Memorables (en sus puntos y argumentos claves).

¿Qué pasa cuando a pesar de hablar bien, la gente no nos entiende?

El problema es cuando nuestro lenguaje corporal no va en armonía con nuestro mensaje. Incluso, se comunica incluso sin pronunciar una sola palabra: Usted transmite aprobación si mueve la cabeza de arriba hacia abajo y hará lo mismo si mueve el rostro de derecha a izquierda para denegarlo.  Y cuando no sabemos adecuarlo a nuestra inteligencia emocional. Por ello, “nuestras palabras y nuestro comportamiento son dos canales completamente diferentes a través de los cuales podemos comunicarnos con el exterior. No obstante, no son en absoluto independientes entre sí. Antes bien, los pensamientos y el lenguaje corporal forman una unidad indivisible y, por tanto, se influyen mutuamente. El comportamiento no solo refleja un estado emocional momentáneo, sino que también las experiencias vividas a lo largo de la vida       influyen en la postura, los gestos y las expresiones faciales” (Matschnig, 2007). Mesa Taborda indica que “la comprensión del lenguaje no verbal es todo un arte que requiere entrenamiento y mucha práctica, tanto para identificar el estado emocional de quienes están en la audiencia, como para expresar el propio e incluso, llegar a identificar los simuladores (….) Cuando se expone ante las otras partes comprometidas en un proceso oral, cuyo fin será la declaratoria de cosa juzgada, bien sea tratándose de un juicio, conciliación, amigable composición u otra figura jurídica con actuación verbal, mediadores, defensores y fiscales no han de olvidar que están ante seres humanos propensos a emocionarse ante un conmovedor y a la vez científico manejo de un caso. Incluso, esos sentimientos técnico-afectivos propician la base cognoscitiva para el fallo final”.

¿Cómo lograr la empatía al hablar en juicio?

Estimule su percepción mediante la observación y escucha.  Preparación intensa de elementos para redactar un discurso sólido y convincente. Practique suficiente para corregir y mejorar nuestras intervenciones y evitar el pánico escénico, las muletillas o la falta de un hilo conductor en lo que se dice.

El ser respetuoso con el juez y el contrario da muestra de su honestidad: no dramatice en exceso, sea respetuoso con Juez y contrario, no exagere, ni cite cifras o datos descontextualizados. Preséntese como un experto y profesional. Muéstrese sereno. Incluso, si puede, bájele la tensión a la audiencia y al mismo discurso. ¿Cómo?  No frunza el ceño, mantenga un tono adecuado de voz (fuerte, pero sin gritar), mire a los ojos al juez, no pierda el tiempo peleando con el contrario, no haga gestos que revelen desidia (dar golpes en la mesa, llevarse las manos a la frente, etc.). A ello le llamamos mostrar corporalmente que se tiene inteligencia emocional.

Adopte un tono respetuoso, evite las calificaciones –o mejor dicho descalificaciones- y utilice en su lugar epítetos más light: “improcedente”, “inconveniente” y deje de lado los superlativos a los cuales somos muy dados los abogados: “absolutamente”, “a todas luces”, “rotundamente falaz”, etc.  Es mejor, aconseja el autor de cita, referirse a errores materiales que a yerros inconcebibles.

Elimine en su argumentación, todo ingrediente ideológico, de los que se hallan en juego en la contienda. O al menos atenúelos.  No se haga la víctima; ni siquiera sugiera –aunque desgraciadamente se esté dando la situación- de que el juez está parcializado en contra suya.  Guárdese eso para la vía procedente: ya sea una recusación, una denuncia disciplinaria o en una apelación.  Pero decírselo a él, será contraproducente: se pondrá a la defensiva y no lo verá de igual modo que antes. No sea irónico, sarcástico, agresivo o irrespetuoso. Insistimos: muéstrese colaborador y no transmita su frustración por lo resuelto.

En la medida que podamos conectar nuestras palabras a nuestro lenguaje corporal, simplifiquemos y aclaremos nuestros argumentos, lograremos mejorar empáticamente nuestro desempeño en los litigios, en incluso, en nuestras relaciones interpersonales.

¡Adelante!


[1] Profesor de Oratoria Procesal y Estrategias de Litigio en la Universidad Escuela Libre de Derecho. Doctor en Derecho Procesal y en Derecho Procesal Civil. Juez del Tribunal Agrario. Autor de sesenta libros en Derecho Procesal.